miércoles, 22 de julio de 2009

Si Dios lo quiere

La confianza que genera compromiso.

a) Ella tiene un hijo. Desde hace más de diez años está postrado en cama y solo mueve los dedos, los labios y sus ojos.
Afirma, con mucha fe: “Dios así lo quiere, Él sabrá por que.
b) Mi amiga dice “soy agnóstica, prefiero serlo”
c) Un tío, muy querido, me dijo un día: “soy ateo. Tú crees porque te enseñaron a creer. A mi no, por eso puedo argumentar con razones porqué no creo.”
d) El profe de religión le dijo al niño “Dios es como tu papá” y el niño le dijo “mi papá me da miedo… especialmente cuando llega curao y pega a mi mamá. A mí ya me tiró contra la pared un par de veces cuando…”

Decir “Si Dios lo quiere” ¿no será una excusa o una forma primitiva de resignación... en lugar de un sinónimo de “Padre, me pongo en tus manos…”?

Lo que encontramos en el Antiguo y Nuevo Testamento no es resignación, más bien nos pone ante la alternativa de tomar nuestras propias decisiones. Nos muestra un Dios que se acerca y se conduele del sufrimiento humano y lo ataca (al sufrimiento, al mal) desde dentro para SANAR-SALVAR al hombre. Nos muestra un Dios que camina hacia la persona, la llama por su nombre (señal de que la conoce, o por lo menos se interesó de conocerla), la invita a seguirlo y, casi de inmediato, la envía a anunciar salvación-sanación: “echar demonios”, pescar hombres, anunciar alegrías (la buena noticia).

Ahí está Dios… cercano… propositivo… no nos necesita pero, amándonos, nos asume tal cual somos y nos empodera para hacer el bien.

Dios quiere nuestro bien. Tu bien… mi bien… con nombre y apellidos… dándonos el poder para lograrlo.

¿Quieres? “Ven y sígueme” (Mc 10,21). Es una llamada, tan cercana, que me siento muy libre como para no seguirlo.

No hay comentarios: