lunes, 24 de marzo de 2008

Mirando al otro

Podemos apreciar a diario que nada está hecho, el desarrollo parece incontenible, por cierto no exclusivamente de manera lineal y en ascenso pero en un continuo proceso evolutivo.

Si en el surgimiento de la vida nos detenemos en la aparición de la vida humana ¿Es posible precisar ese momento? ¿la manifestación del ser humano?

Pregunta muy interesante, especialmente si se toman en cuenta los restos arqueológicos. Por ejemplo, seguro escuchaste nombrar al “homo habilis” o al “homo erectus”. ¿Se puede decir, con ciertas seguridades que esos restos son de seres humanos?

¿Si hoy existen animales con una inteligencia práctica-instrumental muy desarrollada (utilizan objetos como instrumento o material para lograr alguna otro objetivo, por ejemplo alimentación o construcción de su hábitat) no será que los restos arqueológicos que muestran inteligencia práctica anterior al “homo sapiens sapiens” serán solo prehumanas, resultado de un instinto muy complejificado (utilizando un concepto de Theilard de Chardin)? Lo confirmaría el hecho de que no revelan progreso en 200.000 años.

El hombre de Neandertal, en cambio, ya tiene ritos mágicos y religiosidad (se le conocen unas 20 inhumaciones).

El amor se resiste a la ausencia del ser amado y para que eso suceda hay que darse cuenta (tener conciencia del otro y de sí mismo).

Esto es tan importante que sólo cuando tenemos conciencia del otro comenzamos a tener conciencia de nosotros mismos (paso necesario a la hominización). Dos ejemplos:

  • lo niños no comienzan a desarrollar una imagen de ellos mismos (auto imagen) sino hasta después que han desarrollado la imagen de su madre o su padre o sus hermanos y hermanas, esto es tan importante que la primera memoria en activarse es la olfativa, para guardar la memoria del olor de la madre-padre-familiares cercanos.
  • ¿Te fijaste que cuando a un adolescente (varón) le gusta una chica (o viceversa) es el momento en que comienza a “descentrarse”? Es decir a salir de sí mismo a salir del grupo de amigos, a tomar más conciencia de sí: se arregla, se perfuma, busca sentirse bien consigo mismo; ¿la causa? Ha descubierto a alguien del otro sexo que le llamó la atención, que lo sacó de su indiferencia.

Si. En la medida que descubrimos y valoramos la presencia del otro desarrollamos conciencia de nosotros mismos. Ese es el hecho fundamental de la existencia humana, no se puede explicar a la persona humana (corpórea, espiritual, trascendente, histórica, libre, única) sino desde la intersubjetividad.

¿Qué es eso?

domingo, 24 de febrero de 2008

Sobre la libertad

Hace muchos años un amigo preguntaba a su maestro porqué, para seguir a Cristo, había que renunciar a cosas, situaciones o personas a las que uno no quisiera renunciar (No hizo la pregunta tal cual la escribo ahora; pero ese era su sentido).

El maestro le respondió que no se trataba de renunciar sino de elegir.

Cuando tomamos decisiones optamos de entre varias posibilidades y es evidente que alguna de ellas no será favorecida. No se trata de renunciar, sino de elegir, aunque ello suponga algunas renuncias (como escoger sabores para un helado: preferiré algunos sabores, los otros se quedarán en el mostrador).

Uno de mis alumnos, en un curso de antropología, me decía que no era posible que el hombre fuera libre, que es una ilusión de los sentidos o que nos enseñaron a creer en ella, pero que, en realidad todo ya está escrito.

Es evidentemente que en nuestro lenguaje usamos frases como “todo está escrito”, “Lo que dios quiera”, “la historia se repite por ciclos”, “lo que pasó volverá a pasar”, “dios lo quiso así”… Pero también pasa algo curioso: se acostumbra leer el horóscopo o hacerse leer el Tarot, en otros lugares se lee el futuro en las vísceras de animales o en hojas de coca o en la borra del café… en fin… como que las personas buscan saber lo que pasará (lo que está escrito); pero al mismo tiempo, una vez que encuentran la información que buscaban, si no es de su agrado tratarán de cambiar “ese destino”.

Que curioso ¿no? Pareciera que asumimos un destino establecido pero al mismo tiempo (¿inconcientemente?) sabemos o intuimos que no es así, que podemos hacer algo para revertir eso que “parece” estar escrito.


Las leyes físico-químicas expresan la determinación [1] que existe en todo cuanto forma parte del mundo material (magnetismo, gravedad, feromonas, hormonas, homeostasis, energía, etcétera, etcétera) pero también existe otro tipo de programación: el instinto, que es un comportamiento preprogramado. Una programación que incluso aquellos animales que realizan aprendizajes, lo hacen en el contexto de los límites de su propia programación instintiva, es decir, no pueden aprender más de aquello que tienen programado poder aprender: su aprendizaje tiene límites.

Por ejemplo, los estudios hechos con Gorilas (está el famoso estudio de la gorila llamada Lucy) que aprendieron a comunicarse a través de señas demostraron que aun pudiendo aprender llega un momento en que no aprenden más; incluso se determinó que estaban en condiciones similares que un niño de dos años. Por su parte, ese niño seguirá desarrollando su capacidad de aprender, abrirá nuevos espacios de aprendizaje, relacionará conceptos y realidades y generará nuevos conocimientos, tecnología, sociedades… (la lista podría ser interminable.)

En el mundo animal los comportamientos se circunscriben a los propios límites instintivos. Como seres humanos somos parte de este mundo animal y aunque hay quienes hablan de instintos en el ser humano (por ejemplo instinto materno, instinto de supervivencia…) a lo más podemos referirnos a ellos como tendencias primarias fundamentales, quizá, me arriesgaría a decir que los únicos comportamientos instintivos que tenemos funcionan al momento del nacimiento y se agotan en él: son comportamientos programados para que el ser humano naciente pueda comenzar a vivir. Me refiero a comenzar a respirar, al funcionamiento de los músculos de la boca que permiten succionar para poder ser amamantado y otros similares en los que no interviene la conciencia ni el estímulo de las relaciones humanas.

En todos los demás comportamientos iremos aprendiendo a ser cada vez más autónomos; pero no como algo automático, sino condicionado al tipo de relaciones que se vayan estableciendo entre las personas a nuestro alrededor.

Si en el mundo animal el instinto de supervivencia es el más fuerte y a él están ligados los de defensa, reproducción, territorialidad, alimentación; en el ser humano ni siquiera éstos son determinantes. De hecho encontramos a personas que eligen no defenderse del agresor (y los motivos son diversos: éticos, políticos, valóricos o…). Sabemos de personas que deciden no comer (algunas por que quieren hacer dieta o por motivos religiosos, o porque son coherentes a sus principios político-sociales,…) y si hablamos de instinto maternal, solemos encontramos con noticias que señalan a madres que matan o maltratan a sus hijos.

Si hubiera, en el ser humano, comportamiento instintivo, no seríamos libres: no podríamos actuar de otra manera que no sea la programada en el instinto.

La verdad es que lo hacemos. Incluso decidimos actuar en contra de nosotros mismos.

Somos libres. La persona humana es libre. Pero no es libre absolutamente. La libertad humana es una libertad condicionada en sí mismo, por ser corpóreo (piensa en los límites de la corporeidad). No podemos hacer todo lo que quisiéramos, somos seres humanos.

Afirmaciones como “yo puedo hacer todo cuanto quiera” a veces solo puede generar frustraciones causadas por la ignorancia sobre nosotros mismos.

Somos tan limitados que animales e insectos tienen capacidades que nos superan con ventaja: mejores sentidos de supervivencia, más eficientes sistemas reproductivos, mejor adaptación a territorios, estructuras orgánicas que los hacen más capaces para trasladarse de un lugar a otro del planeta… en fin… como seres humanos somos bastante deficitarios.

¿Pero sabes que? El ser humano ha sido capaz de superar cada una de esas limitaciones naturales con su inteligencia y creatividad:
- ¿No puede volar? / Desarrolló tecnología capaz de permitirle volar.
- ¿No tiene visión nocturna tan perfecta como la de otros animales? / Desarrolló tecnología para detectar rayos infrarrojos o ultravioletas o para mirar a través de otros objetos.
- La lista podría ser casi interminable ¿no cierto?

La persona humana ha superado sus propias limitaciones generando mayores y mejores espacios de autonomía.

Pero recuerda: no es una libertad absoluta (irrestricta, ilimitada). La libertad humana está condicionada por factores socioculturales (creados por el mismo ser humano a partir de las mismas relaciones entre personas), normas de comportamiento, leyes, estructuras sociales,…; por factores físico-químicos (fuerza de gravedad, magnetismo, altura sobre el nivel del mar, hipovitaminosis, carencia de minerales, hormonas secretadas por las diferentes glándulas que nos componen,…); pero quizá aquello que puede llegar a autodeterminarnos son los factores psíquicos: somos nosotros mismos, la percepción que tenemos de nosotros mismos, la imagen que creamos de nosotros, aquello que valoramos, lo que al final de cuentas determinará nuestro comportamiento, nuestras elecciones.

Si. Somos libres, ejercer la libertad es nuestro derecho; pero no tenemos derecho a hacer todo lo que queremos, a hacer cuanto se nos ocurra de manera absoluta porque la libertad humana es una libertad condicionada. Por eso el derecho a ejercer la libertad estará condicionada (entre muchos condicionamientos, fundamentalmente) al derecho de los demás a ejercerla.


Un elemento esencial para entender la libertad humana es la conciencia, la capacidad de darnos cuenta de nosotros mismos. Esta conciencia sólo se despierta al descubrir al otro como sujeto, como persona. De ello hablaremos más adelante.


Marco Antonio Bellott Pabón
© 24 de febrero de 2008

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[1] Determinar hace referencia a fijar los términos de algo. Por lo tanto un comportamiento determinado es algo que se espera sea así: Si incorporo hidrógeno a oxígeno espero que dos moléculas de hidrógeno se unan a una de oxígeno y conformen agua… o que cristales de azúcar se disuelvan al contacto con un medio líquido y… así sucederá.

jueves, 31 de enero de 2008

Desde dentro...

Las vacaciones parecen ser el tiempo propicio para viajar, conocer nuevos lugares, ciudades, costumbres, personas… y si en alguna conversación alguien se refiere al lugar que visitaste, se hace fácil decir “yo lo conozco”, “yo estuve allí”.

También es usual que si alguien menciona a los habitantes de ese lugar digas que los conoces: “Si, conozco a los europeos… o conozco a los argentinos o… etc.…

En realidad lo que tenemos es una mirada de turista y dependiendo de si la experiencia fue agradable o no guardamos nuestras opiniones sobre ese lugar y las generalizamos a todo su territorio. Por ejemplo, visitas Mendoza y de dicha ciudad solo algunos lugares pero dices conozco a los argentinos; o visitas Madrid, Barcelona, Paris y Roma y dices que conoces Europa y a los europeos. Sí. Suele pasar.

Con certeza, la verdad sobre un país o una región es mayor que lo que un turista puede apreciar. Para conocer la realidad de un grupo de personas hay que vivir con ellas, compartir su situación vital desde dentro. El turista mira desde fuera… por encima… y rápido.

A menudo con las personas suele pasar lo mismo, las miramos y las conocemos desde fuera, desde su exterioridad, desde lo que vemos. Es un conocimiento válido; pero incompleto: No basta para decir que la conocemos.

Hasta puede ser una mirada equivocada: La sabiduría popular grafica muy bien este equivoco con aquel dicho “el ladrón piensa que todos son de su condición”.

¿Quienes somos por dentro? ¿Qué es lo que tenemos dentro? Dos preguntas similares pero muy distintas, cuanto tenemos puede ser observado con radiografías, resonancias magnéticas, endoscopías, colonoscopías, tomografías, densitometrías y otros métodos que con diferentes instrumentos nos acercan a cuanto tenemos debajo de la piel, dentro de la piel; pero eso no explica cabalmente quienes somos desde dentro (por dentro).

Frases como “los ojos son las ventanas del alma” o “de lo que abunda el corazón derrama la boca” no se refiere a los órganos que están dentro de uno, por debajo de la piel. Hacen referencia al ser de la persona… y si… hay una dimensión que da forma a cuanto la persona es, da forma a la exterioridad (al cuerpo), le da carácter único, es su interioridad.

No se trata de un componente (elemento que junto a otro forman al ser humano) sino de una dimensión fundamental que se constituye como principio del ser humano.

Si la corporeidad es principio de materialidad, de sujeción a las leyes físico-químicas, de inserción en las coordenadas de espacio y tiempo, expresión, manifestación del ser del hombre: exterioridad; la interioridad es principio de inmaterialidad, de independencia de lo físico-químico, del espacio y del tiempo.

Así, el ser humano, es el alma que se manifiesta corpóreamente. Dicho de otra manera es una realidad psicosomática [1].

Si somos seres trascendentes, únicos, es porque somos seres espirituales. Si podemos desarrollar autonomía o autodeterminación es porque somos seres inmateriales.

Pero claro, no somos seres espirituales de manera absoluta, de la misma manera que no somos seres corpóreos absolutamente. No se trata de fronteras o de espacios, todo cuanto hace el ser humano está teñido de materialidad y de espiritualidad. Por ejemplo, los ángeles son seres espirituales, totalmente inmateriales; una piedra es un ser absolutamente material, totalmente corpóreo.

No hay acción humana (piénsalo, búscalo) que sea totalmente material o totalmente espiritual.

Dos ejemplos:

  1. El cuerpo humano tiene un sistema de defensa altamente sofisticado y autónomo (no necesita que la persona piense en él para que funcione) que convive continuamente con bacterias, virus, hongos sin que afecten a la salud integral de la persona; sin embargo si esa persona pasa por momentos de tristeza [2] prolongados las defensas tienden a bajar y esos mismos microorganismos (con los que convivía) comienzan a generar enfermedades.
  2. Cuando pensamos (usamos ideas, conceptos que son inmateriales, es decir no tienen peso ni tiempo, no se ubican en un lugar) formamos imágenes mentales, es decir, damos forma a los conceptos, para poder pensarlos, para poder comprenderlos.

Además, solemos decir “yo pienso”, “yo camino”, “yo quiero”, “yo escucho” porque entendemos nuestras acciones como una única actividad humana.

El hombre no tiene una psique o un organismo… es psico-orgánico.

Las diversas manifestaciones psíquicas (ideas, tendencias, sentimientos, etc.) ¿son un conglomerado de fenómenos singulares e impersonales? o son ¿la expresión de un sujeto personal, permanente idéntico a sí mismo en la multiplicidad sucesiva de sus expresiones?[3] Es fácil constatar que nuestras vivencias (ideas, juicios, tendencias, sentimientos) trascienden las características espacio-temporales (propias de la materia) revelando su dimensión espiritual. También la existencia de la libertad, que saca al hombre del determinismo de las leyes físicas (a las que está sujeto todo lo material), nos habla de la dimensión espiritual del hombre.

El cuerpo, en este contexto,…

  • Es el alma que, para existir, se proyecta en el espacio-tiempo;
  • Es el alma que al informar la materia primera se corporaliza.

John Eccles, premio Nóbel de neurocirugía (el primero en estudiar el problema mente–cerebro [4] desde la neurología y la fisiología) argumenta, a partir de sus investigaciones, que los órganos sensoriales emiten miríadas de elementos puntuales que van al cerebro y allí se recomponen formando una unidad consciente. Por ejemplo, lo que sucede en la retina del ojo: “de un modo misterioso, la imagen retiniana reaparece en la percepción conciente, aunque en ninguna parte del cerebro se pueden encontrar neuronas que respondan específicamente, ni siquiera a una pequeña zona de la imagen retiniana de lo observado”[5] afirmando que ningún medio neurofisiológico tiene la capacidad de lograr esa unidad consciente y refleja; pasando, de la imagen punteada (recepción de datos) a la imagen integrada (percepción consciente) de un todo.

“Considero que se trata de un proceso activo muy complejo mediante el cual la mente autoconsciente trabaja sobre la inmensa cantidad de acciones nerviosas que se desarrollan en la corteza cerebral” (Eccles, 1980, 575.)

Cuando no consideramos esta realidad psico-somática del ser humano no nos entendemos ni entendemos al “otro”.

Querer comprender al otro desde lo que vemos no explica a la persona. ¡que injusto juzgar al otro!

Querer explicar el amor humano sólo desde los procesos químicos (hormonales) generados es desconocer e ignorar el amor ya que se lo reduce solo a lo observable, a lo medible, a la verificable. Lo que sucede también cuando reducimos el amor a sensaciones (lo físico) o a puro sentimiento.

Una educación sexual centrada en lo genital [6] reduce la sexualidad humana a un objeto (instrumento para un fin determinado) sin reconocer a la persona como ser sexuado.

El placer que solo busca saciar apetitos sensibles no sacia la conciencia de placer, de ahí que la continua búsqueda de placeres inmediatos (placebos) termina dejando a la persona más o igual de insatisfecha y ansiosa de mayores momentos u objetos placenteros.

Políticas de desarrollo humano que no consideran al espíritu humano son solo soluciones coyunturales que terminan desarrollando sólo modelos económicos o políticos que acaban ignorando a la persona humana.

Justificar el uso de cualquier medio para alcanzar determinados fines, cuando se refiere o involucra a personas, por lo mismo resulta ser inmoral.

Una de las mayores expresiones del alma, de esta dimensión espiritual (interioridad) del ser humano es la libertad. Pero sobre ella conversaremos la próxima vez.

Marco Antonio Bellott Pabón

© 22 de enero de 2008

[1] El término psicosomático se compone de dos términos griegos: psijé (alma) y soma (cuerpo)

[2] Es interesante que la tristeza, fundamentalmente emocional y afectiva, tenga, también, relación con la disminución, carencia o presencia de ciertos minerales en la dieta alimenticia; lo que habla, una vez más, de la íntima relación entre lo corpóreo y lo espiritual. Piénsese en los estimulantes o en los depresivos del sistema nervioso, por ejemplo.

[3] No decimos “se piensa, se quiere, se dan sentimientos en el mundo” como decir “llueve o graniza”. Decimos “yo pienso, yo quiero, yo cumplo 20 años, etc.”

El hombre no es una polvareda de fenómenos “en el aire”. Existe en el centro mismo de la persona un YO permanente que es fuente de las propias actividades y sujeto al cual se le atribuyen todo lo que realiza. (Cf. GASTALDI, 1983,33).

Él está siempre en el trasfondo de todas las vivencias.

[4] Mente, lo «inmaterial» y cerebro, la «materia». Estudió este problema tratando de diferenciar sus actividades, para demostrar su independencia o la no existencia de la mente. Llega a la conclusión que es imposible negar la existencia de este principio inmaterial, que algunos (como diría, aunque no textualmente) por “pudor científico” prefieren no llamar alma.

[5] K.R. POPPER, J.C. ECCLES (1980). The self and its Brain. Berlín; trad. Español: El yo y su cerebro. Barcelona, 1982.

[6] Es decir información sobre órganos, glándulas, hormonas, estimulación orgásmica.

domingo, 6 de enero de 2008

Tan iguales... tan distintos.

Hace unos años, los primeros resultados publicados sobre los estudios acerca del genoma humano llamaban mi atención. En especial una cifra, la que concluía que el 96,4% del mapa del genoma humano era idéntico en todos los seres humanos. Apenas un 3,6% hacía la diferencia y ¡que diferencias!

Quizá podríamos decir que es un porcentaje insignificante; pero piénsese, por ejemplo, en lo que sucede con los cromosomas: un solo cromosoma puede generar una especie distinta o el mismo cromosoma ubicado de diferente manera genera otra familia dentro de la misma especie que, entre el chimpancé y el ser humano, se trata de una diferencia más que significativa, ¿no?

Si. Una minoría que hace mucha diferencia.

Si pasamos a otro ámbito nos topamos con frases como “¡La mayoría manda!” o, conceptos como “Pueblo”, “clase”, “raza”, “economía”, “Capital”, “Estado”, “democracia”, entre otros, que (en el uso) terminan diluyendo la persona humana a un grupo.

La suma de los individuos no hace el grupo. Dos personas no hacen una pareja. Lo que sabemos muy bien ante la muerte de una persona amada.


Emmanuel Mounier afirmaba «Mi vecino es un francés, un burgués o un maniático, un socialista, un católico, etc. Pero no es un Bernardo Chartier: es Bernardo Chartier.»[1]

Cada ser humano es único, irrepetible, inconfundible. Incluso los clones naturales (los gemelos idénticos) son distintos entre si, aun teniendo el mismo ADN… aun bajo la apariencia de mirar al espejo.

También habremos escuchado que “ninguno es insustituible”, y es cierto, pero nadie puede hacer lo que yo de la misma manera que yo. Nadie. Incluso ninguna persona puede sentir lo que otra siente… Lo más que podemos hacer es empatizar con ella, es decir, imaginarnos como puede ser su sentimiento a partir de una experiencia propia en situaciones similares y hacer presente ese sentimiento. Por ejemplo, condolerse del amigo al que se le murió el papá, recordando cómo me sentí cuando murió el mío o pensando cómo me sentiría si fuera el mío.

La conciencia de esta unicidad es tan fuerte que incluso la proyectamos hacia objetos o animales que tenemos cerca y apreciamos. Por ejemplo, decimos, de un objeto, que es único para nosotros porque tiene un significado especial (aunque haya sido hecho en serie).

Aun cuando seguimos modas buscamos la manera de distinguirnos… En la adolescencia este es un sentimiento fuerte; aunque terminen mimetizándose con el grupo de pares, el adolescente quiere distinguirse, quiere buscar y subrayar su independencia, su autonomía.

Como seres humanos tenemos muchas cosas en común pero aún así somos distintos. El fundamento de nuestra unicidad está en la interioridad, dimensión esencial de la persona humana, como la corporeidad (exterioridad) o la trascendencia de las que ya conversamos en artículos anteriores.

Tenemos conciencia de YO. Atribuimos a nuestro “yo” nuestras acciones y decisiones, podemos asumir responsabilidad de las mismas, podemos ser autónomos gracias a nuestro propio yo. No solo sabemos… sino que nos damos cuenta que sabemos, que existimos, que somos...

Podemos autodeterminarnos. Vivimos desde nosotros mismos, no desde los estímulos exteriores a nosotros mismos, por eso cualquier condicionamiento puede ser superado, por muy fuerte que sea. El animal no puede hacer lo mismo por que está determinado a su programación instintiva: no puede actuar de otra manera. El ser humano siempre puede hacerlo.

Por ejemplo. En el mundo animal el instinto por la supervivencia es el más fuerte de los instintos animales, por eso se protege del depredador inmediato, busca alimento y se aparea… también en el ser humano está presente una especie de instinto primario de supervivencia… (y aun así no es un instinto) y vemos a seres humanos que dejan de comer (por dieta, o luchas por los derechos humanos,…) o incluso van desarrollando comportamientos suicidas (fumar, beber, conducir a velocidad irracional, y tantos otros que conocemos).

La libertad humana es la máxima expresión de esta dimensión (pero de ella conversaremos en otra oportunidad). Sí, somos interioridades abiertas a los demás. El hombre se conoce (a sí mismo) en la medida que entra en relación con los demás. Es un ser para el encuentro. La presencia del TU en el YO, hace que el Yo esté presente a sí mismo (autoconsciente).

Por eso es que sólo en la medida que te amo (es decir, cuando salimos de nosotros mismos y vamos al encuentro de otro) me entiendo y te conozco de verdad.

“Me conocerás el día que me ames” decía María Noël, poetiza francesa.



¿Qué podríamos decir de frases como “yo quiero por igual a todos mis hijos” o “nosotros en la evaluación somos objetivos: a todos medimos con el mismo instrumento”?

Las madres lo saben (También los padres, por cierto, pero las madres tienen una ventaja sobre los padres: 9 meses de relación íntima con sus hijos) no amamos a nuestros hijos o hijas por igual. Los conocemos y amamos en sus diferencias; con sus fortalezas y sus debilidades y a partir de nuestras propias fortalezas o debilidades y, por eso, es más probable que des más atención y/o afecto a quien sientes que necesita más atención o afecto.

Eso no quiere decir que ames menos a alguno de tus hijos o hijas, simplemente… los amas de una forma única.


¡Claro que uniformar (forma igual) resulta más fácil; pero lo único que muestra es el poco entendimiento del ser humano[2]. Cuando la educación es cuestión de metodología, más que de corazón, la misma evaluación es una medición respecto a diferentes parámetros; pero no es una evaluación ya que la esencia de la evaluación es la valoración y solo se puede valorar al ser humano desde su unicidad.

Incluso ciertas neurosis afectivas se inician al igualar…

Por ejemplo: una mala experiencia amorosa de la que se concluye que todos los hombres son… o todas las mujeres son… no se adecua a la realidad y podría llevarme a autoinhabilitarme para amar y ser amado, aumentando aun más la neurosis. Llegar a afirmar: “algunos hombre son…” o “algunas mujeres son…” o, mejor aún, “esta persona, con nombre y apellido fue así conmigo y ahora la perdono y la dejo en libertad…” es más realista y profundamente más sanadora de nuestras heridas afectivas.

¡Cuantos padres, madres o profesores se sienten defraudados por sus hijos, hijas o alumnos por que ellos mismos fueron la medida de las expectativas que tenían!

Nadie defrauda a otro. Somos nosotros quienes nos sentimos defraudados porque nos pusimos como medida para el otro… cuando… “el otro”… es único, inédito, no sumable, irrepetible, inconfundible, irremplazable.

Somos tan únicos que “yo puedo dar mi vida por otro; pero no puedo exigirte que des tu vida por mi” Como bien recordaba Martín Buber (1878-1965).



Marco Antonio Bellott P.

© 6-01-2008


[1] Mounier, E. (1957). El personalismo. Eudeba, Buenos Aires, p. 6.
[2] Recuerda la frase de María Noël.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Buscando soles

Cuando era adolescente me encantaba leer un comic que aparecía en un periódico local, no recuerdo su nombre; pero trataba de un hombre de los primeros tiempos (puedes imaginarte a alguien parecido al “Tarzán de los monos”, así… semidesnudo, cubierto con un taparrabos) que vivía en un agradable lugar. Un día decidió dejar su suelo, su clan, para alcanzar el sol. No tengo presente el motivo que dio inicio a esa travesía pero comenzó a correr tras horizontes; siempre siguiéndole el rastro al sol. Conoció nuevos lugares, distintas culturas, corrió peligros, se enfrentó a creencias nuevas, aprendió diferentes formas de alimentarse, sobrevivir y comunicarse. Después de muchas travesías llegó al mar. Eso no lo detuvo, aunque realmente fue un problema.

¿El final? Ya no lo recuerdo; pero creo que encontró a alguien a quien amar…


La capacidad del ser humano de salir de si mismo, proyectarse y plantearse metas, buscar nuevos horizontes… mirar atrás y, sin dejar de lado el presente, plantearse escenarios posibles... La capacidad de plantearse desafíos y buscar caminos de solución, de aprender y, exponencialmente, utilizar conocimientos aprehendidos para desarrollar tecnología. Hablan de otra dimensión esencial de la persona humana (recordemos que la corporeidad es la otra dimensión analizada).

El ser humano quiere -busca- ir más allá de sus propias limitaciones.
Por cierto, la corporeidad es uno de los factores de las limitaciones humanas (no podemos evitar recordar que, en el cuerpo, estamos circunscritos a las coordenadas de espacio y tiempo: vivimos dentro de los límites del aquí y el ahora, en este tiempo y en este espacio. Aun así continuamente queremos trascenderlos). Estás allí, sentado en tu lugar de trabajo pero trasciendes el espacio y piensas en la persona amada, te diriges a ella o viajas al pasado, hurgas en tus recuerdos o miras hacia el futuro.

La misma sexualidad humana trasciende las sensaciones corporales, convirtiendo unos instantes de placer en explosiones orgásmicas. Haciendo del contacto físico un encuentro personal.

Esto (poder ir más allá de lo físico, de lo orgánico)… la naturaleza física no la da, en ella todo es regido por leyes físico-químicas o instintivas… No hay espacio para la trascendencia.

Un ejemplo. En la adolescencia, cuando despertamos a la explosión genital (recordemos que genital tiene que ver con origen de vida), no existe la claridad suficiente para diferenciar entre placer autoerótico y encuentro de pareja. Solamente y a medida que nos abrimos a la vida de otras personas y vamos aprendiendo, en un camino de enamoramientos, el significado del amor, vemos a la persona, ¡a la otra persona!, no como un objeto de placer sino como sujeto: alguien a quien amo, con nombre y apellido, con rostro e historia personal, con límites y aspiraciones.

Sí. ¡Somos tremendamente limitados!
El resto de animales nos supera en capacidades físicas: órganos sensoriales más precisos, casi perfectos. Estructura corporal específica que supera a la del ser humano, sistema reproductor eficiente… etcétera, etcétera, etcétera.

¡Pero superamos esas limitaciones!
El ser humano supera cada una de esas limitaciones con su inventiva (ha creado instrumentos tecnológicos que colaboran a mejorar su calidad de vida: sociedades, leyes, lentes, audífonos, medios de comunicación, vehículos terrestres, aéreos y acuáticos –la lista de creaciones humanas podría ser casi interminable-), con esa capacidad de mirar más allá: es un ser trascendente. No tiene trascendencia. Es un ser trascendente.

Los demás animales, incluso los que desarrollan algún tipo de aprendizaje o tienen algún tipo de vida social, están limitados por su programación instintiva, por su adaptación evolutiva dentro de una finalidad orgánica: son seres acabados –perfectos para esa vida, para ese contexto–, nacen y están listos para la vida. EL SER HUMANO NO. Nace prematuro, sin estar listo para la vida; su mismo cuerpo aun no ha terminado de formar huesos, el cráneo no se ha cerrado (por ejemplo), necesitará varios años para estar listo a la vida, precisará un entorno familiar que lo proteja, alimente, enseñe los instrumentos necesarios para vivir en sociedad y, aun así, nunca será un ser acabado, siempre seguirá construyéndose, definiéndose o, mejor, redefiniéndose.

¡Quién dijo que al nacer ya somos!

Vamos siendo. Desde el momento en que el óvulo es fecundado y en el momento de encontrarnos con la muerte. Vamos siendo.

Incluso, ante la muerte, sentimos la necesidad de trascenderla: de permanecer en el tiempo. Esta necesidad tuvo ciertas expresiones históricas: el hombre quiso proyectarse en el tiempo en los hijos, en la descendencia, pensando que en ellos viviría; quiso proyectarse en sus obras para permanecer en el recuerdo de “las gentes”. Ni la descendencia ni las obras sacian la sed de cruzar las limitaciones temporales del ser humano. Pero las trasciende.

Con la muerte la persona humana no se acaba (pero eso será tema de otra conversación).

¿Cómo es que puede trascender a los límites propios de la corporeidad, siendo que el cuerpo no es un accesorio sino una dimensión esencial?

Dejémoslo para la siguiente vez.

Marco Antonio Bellott P.
© 8-12-2007.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Fuera de contexto

Los días pasados ha dado la vuelta al mundo la demanda "¿por que no te callas?" del rey de España, don Juan Carlos I y observando noticias o comentarios o blogs, sobre ello, uno se da cuenta de la diversidad de opiniones que se generan, especialmente a partir de una frase sin contexto, descontextualizada. Si hasta pareciera que el prepotente es el rey. Cuando, en realidad, es la exclamación de aquel que llegó al límite con los exabruptos de alguien que se educó en las mejores escuelas del autoritarismo.

Pero no me interesa charlar sobre eso, simplemente me sirve de ejemplo porque ¡muchas veces! sacamos de contexto al hombre, a la persona humana y se tocan temas humanos pero descontextualizados. Es como si definiéramos un beso como una yuxtaposición de los músculos orbiculares de la boca o como intercambio de fluidos. Fisiológicamente hablando estaría correcto; pero inmediatamente nos damos cuenta que esa definición no explica lo que es el beso, ya que los significados que genera, las sensaciones y los sentimientos que provoca y el tipo de reacciones humanas que causa superan, por mucho, esa definición fisiológica.

Es que lo fisiológico está ligado al cuerpo, está sujeto a las leyes físico-químicas, se refiere a un aquí y a un ahora (dentro de las coordenadas de tiempo y espacio). El ser humano es, también cuerpo, es también corporeidad. Digo "es" y no "tiene". Se tiene un libro en la mano y se lo deja... no por ello deja de ser la misma persona; se tiene un pantalón, me lo pongo y me lo quito y sigo siendo el mismo. Quítame el cuerpo... dejo de ser quien soy.

Sin la corporeidad no se entendería al ser humano: sería ridículo hablar de sexualidad humana o de luchar por derechos sexuales y reproductivos. ¿Para qué cuidar la salud del cuerpo si solo es un accesorio?, ¿Qué sentido tendría enamorarse de la mirada de alguien, si ella (la mirada) no la representa?; el sonido de la palabra, la voz humana ¿solo un accesorio? ¡Tan personalizado, tan distinto, tan único! ¿solo un accesorio?; ¿para qué acariciar? sería algo parecido a sujetar una muñeca, acariciarla, besarla, tomarla, dejarla, volver a jugar, siempre lista para mis juegos; pero sin jamás hallar correspondencia... es solo cuerpo, es solo materia. ¡Claro, podrías objetar que la diferencia está en que la muñeca es un objeto sin vida y el cuerpo tiene vida! y, a este punto, te sugiero que leas mi artículo del mes pasado, los párrafos sobre "la vida" (para no volver sobre el tema).

Es que el cuerpo no es una cosa (objeto) que se tiene. La corporeidad es una dimensión esencial del ser humano, lo explica, "manifiesta lo que de él no vemos". Nos manifestamos en él, somos y existimos corpóreamente, sin él no somos.

No hay nada que el ser humano haga que no pase por el cuerpo. No hay ninguna manifestación humana que no pase por la corporeidad. ¡Piénsalo!

¡El pensamiento! ¡Lo hallé!...

¿Te has puesto a pensar cómo pensamos? Pensamos con imágenes, pensamos con palabras. Las mismas ideas, que son totalmente incorpóreas, para ser pensadas por nosotros necesitan que les demos forma o les pongamos palabras, conceptos.

Hasta los estudios de la psicología del aprendizaje ya han demostrado que cuando se estimula psicomotricidad (el movimiento de los músculos y sus capacidades) en los niños se están estimulando capacidades del pensamiento; que cuando se acaricia a un bebé, esa forma de contacto corporal le está enseñando a amar y a sentirse amado.

Si. No tenemos un cuerpo, somos seres corpóreos.

Por eso es aberrante que cuando se habla de derechos sexuales y reproductivos se reduzca el ser humano a sensaciones, fluidos y procreación.

Los animales están pre-programados a un comportamiento sexual procreativo, movidos por olores (periodos de celo) y fluidos. La sexualidad animal está determinada a la mantención de la especie, por eso procrean y no pueden dejar de hacerlo, dentro de su sistema instintivo, a fin de generar un nuevo animal fuerte y saludable, para sobrevivir (los débiles y enfermos no procrean).

Lo mismo podríamos decir de toda aquella ideología o creencia religiosa que quita valor al cuerpo, a la corporeidad, esperando que llegue la muerte para "liberarse de estos males".

Evidentemente, la corporeidad no es la única dimensión del ser humano: no explica todo cuanto somos; pero, de eso, conversaremos más adelante.

Marco Antonio Bellott P.
© 24-11-2007

viernes, 26 de octubre de 2007

¿Paternidad responsable o planificación familiar?

Marco Antonio Bellott Pabón

Introducción

De un miedo irracional hacia la superpoblación de nuestro planeta han surgido diferentes teorías de planificación familiar que, de una u otra manera, buscan que los papás y mamás “decidan” sobre la cantidad de hijos que deben o quieren traer al mundo.
Expresiones como “la maternidad es una decisión tuya” expresan los sentimientos que acompañan diferentes tipos de campañas de planificación familiar o luchas por la equidad de género[1].
¿No se han preguntado, alguna vez, si realmente es fácil fecundar un óvulo de tal manera que una mujer quede embarazada? ¿Cuántas parejas que llevan ¡años de compartir sus vidas!, han intentado de todo un poco para tener un hijo y no lo han conseguido? ¿Cuántos adolescentes, a la “primera vez”, producen un embarazo? Y otros ¡nunca!

¿Qué es la vida y... la vida humana?, ¿cuánto tiempo es fecundo un óvulo?, ¿cuál es la diferencia entre planificar y ser responsable?, ¿la finalidad del amor es la procreación o la fecundidad?

Definitivamente en estas líneas trataré de esbozar algunas respuestas a estos interrogantes, espero que sean para tu bien.
La vida humana, una fuerza insospechada, incontenible.

La vida humana se entiende a partir de la vida; pero al mismo tiempo la sobrepasa, con incalculable fuerza de realización.

Cuando pensamos en el origen de la vida, de cualquier vida, la historia y el pensamiento nos llevan a la célula, organismo compuesto por aminoácidos[2] ¿qué es la vida, entonces?, ¿la sólo suma de elementos materiales pueden llegar a constituir el principio de la vida?

¡Cuánto vigor ha desplegado esta célula que, con precisión, llegó a diferenciarse en funciones específicas: piénsese en células especializadas en realizar funciones digestivas o excretoras, que llevan y reciben información, que se protegen de organismos extraños, que asimilan elementos y producen otros nuevos, necesarios para el mantenimiento de la vida, o que han llegado a conformar realidades diversas: vegetales (árboles, plantas, flores, hojas, raíces, ramas, troncos, frutos,...) o animales unicelulares, pluricelulares (vertebrados, invertebrados terrestres, acuáticos, que sobrevuelan por los aires, bípedos, cuadrúpedos, que reptan, etc., etc.) o insectos –otro éxito de la evolución–.

Definitivamente sí, la vida es una potencia que desde que comenzó ha desencadenado un poder insospechado e incontenible de realización, tanto que llegó a constituir al ser humano, parte de todo este mundo vital pero, al mismo tiempo, distinto.

Como la célula, que forma parte del mundo material inerte pero lo sobrepasa; la vida humana, deficitaria respecto a otros seres vivos, ha logrado superar estos déficits y sobreponerse a la naturaleza misma, cosa que no podría hacerlo desde las mismas dimensiones espacio-temporales: necesariamente la vida humana está conformada por otra dimensión que no es y al mismo tiempo supera la materia, la vida material.

¿Qué es lo que sostiene la vida a partir de puros elementos materiales, sin vida?, ¿Qué es lo que sostiene la vida inmaterial y trascendente del ser humano a partir de puros elementos vitales materiales?

Tiene que haber un principio distinto, no observable a primera vista ya que nada ni nadie produce lo que no tiene, porque los efectos no superan a la causa ya que son intrínsecamente dependientes; entonces el principio, la causa, no es la observable.

Todo habla de un principio inmaterial (podríamos llamarle espiritual) que es vital y que parece ser inagotable; ya que es absurdo que tanto esfuerzo termine.

Theillard de Chardin, cuando habla de la irrupción del hombre en este proceso vital, explica la necesaria emergencia de la “conciencia de sí” a partir de una compleja organización celular que ha permitido surja la conciencia, la cual necesariamente precisa de otros seres humanos para su desarrollo. Células altamente organizadas que han proporcionado lo necesario para el perfeccionamiento encefálico (los mamíferos son los que han logrado los más altos niveles de complejificación celular, al respecto) pero que por sí solas no pueden llevar al desarrollo de la conciencia personal, cosa imprescindible para la aparición de los primeros humanos.

Del mismo modo poco puede hacer el hombre respecto al origen de la vida y... sin embargo... el mismo hombre puede detener esta fuerza imparable e inagotable.

El óvulo y el espermatozoide, principios de vida, sólo pueden poco.

A partir de una célula comienza la maravillosa aventura de la biogénesis. La vida humana comienza en este también fascinante principio: necesita de una célula. Célula que contiene toda la información genética necesaria para llegar al ser humano en un asombroso proceso de realización continua.

Para que se inicie este admirable proceso, un óvulo y un espermatozoide (al menos) deben unirse.

¿De qué se componen el óvulo y el espermatozoide?

De aminoácidos, proteínas, minerales, con la particularidad de tener sólo la mitad de la información cromosómica, la otra mitad la tiene el otro. Nuevamente... minerales, aminoácidos, proteínas,... compuestos inorgánicos que sostienen a un organismo vivo que se desarrolla sin la intervención necesaria del ser humano. Vida que irrumpe en la vida de otros y nos saca de la indiferencia, llamándonos a una reverente actitud de acogida.

¿Cuánto tiempo puede, el óvulo, recibir un espermatozoide para, unidos, conformar la primera célula del origen de la vida humana?

¿De cuánto tiempo dispone, el espermatozoide, para fecundar el óvulo?

Un espermatozoide llega a vivir, y en condiciones propicias, 72 horas fuera de las gónadas[3], mientras que un óvulo maduro[4] tiene 24 horas de vida, algunos autores hablan de hasta 12 horas; tiempo que viene acompañado por una inusual excitación del organismo de la mujer, que se manifiesta con la elevación de la temperatura corporal, mayor secreción de mucosa vaginal, en espera del coito, aumento del deseo sexual.

¿Qué son 12 o 24 horas frente a 648 en las que es imposible fecundar un óvulo?

Cuanta información maliciosa[5] quiere mostrar la ineficacia de métodos anticonceptivos que siguen el ciclo natural de fecundación del óvulo; llama aun más la atención cuando productos como la “Píldora” siguen este ciclo y basan su eficacia en seguir “al pie de la letra” ese calendario. Si la píldora[6] es tan eficaz (los estudios mencionan un 98% de eficacia) y se basa en el ciclo natural de fecundación del óvulo, ¿cómo puede ser que a los métodos de anticoncepción natural le den, apenas, un 25 a 40% de eficacia? Lo que sucede es que tanto la mujer como su pareja conocen poco sobre sus propios ciclos, conocen poco sobre sus propios cuerpos.

¡Qué importante que ambos, dentro de todas las posibilidades de conocimiento que pueden desarrollar, también posibiliten este descubrimiento, este encuentro dialógico!

¿Planificación o responsabilidad?

Como parte de este diálogo las parejas pueden decidir cuantos hijos quieren traer al mundo e, incluso, planificar los “cuandos”[7]. La verdad es que esta planificación es muy útil hasta para la salud de la mujer: no obstante la responsabilidad inherente a la paternidad incluye cantidades, seguridad emocional, seguridad económica, tiempo de dedicación a los hijos y a la pareja,...

Planificar puede ser un acto frío de economía familiar[8], mientras que responsabilidad es la expresión libre de quien asume el compromiso de ser padre o madre; el compromiso de educar a los hijos, de prepararlos para la vida, el compromiso de ayudarles a desarrollar esas capacidades que vienen inscritas en su información genética y que son expresión de un continuo en el tiempo, aunque nuestra estructura mental enmarcada en las coordenadas del espacio y del tiempo nos condicionen a enmarcar el desarrollo en momentos específicos. Una responsabilidad que toma en cuenta la diferencia de tener cuantos hijos lleguen; aunque sea que les asegure hambre o violencia familiar.

Los niños y mi pareja tienen derecho a tener un ambiente sano, estable, que favorezca su realización personal. Sólo unos padres que toman con responsabilidad el deseo y la voluntad de ser padres asegura un ambiente de amor[9] ya que nunca desarrollará el sentimiento aquel del “mi hijo no es querido” o “ha sido un accidente” ya que, aún cuando el hijo o hija no haya sido planificado, ¡nunca será un accidente!, será fruto del éxito del proceso de la vida, el éxito de millones de posibilidades en las que sólo uno es el ganador y, gratuitamente, sólo ese uno llegará a desarrollar en una persona humana, ya que desde el principio tendrá toda la información para llegar a ser (a menos que el mismo hombre detenga el proceso) una persona humana.

¿Tener hijos? o ¿ser fecundos?

Sí, tener hijos es parte de un acto pro-creador, co-creador que está atado al hecho de “tener vida y tenerla en abundancia”; no puede limitarse a la procreación; es un acto continuo en el tiempo que se vuelve fecundo por que desarrolla vida, prepara para la vida, sostiene la vida, orienta la vida, acompaña la vida, necesita de la vida.

Por eso la paternidad es una acción fecunda, más que un acto procreativo; porque la procreación se completa en el nacimiento o hasta los primeros años de vida: los animales procrean, la mayoría de las especies animales, al nacer, son totalmente independientes de sus padres, algunas necesitan de la protección de sus progenitores (hembra o macho) por algún tiempo; pero en su información genética tienen lo necesario para sobrevivir; poco aportan sus padres en el mejoramiento de su “calidad de vida”. En cambio el ser humano necesita de sus padres no sólo para la supervivencia inmediata; sino para poder subsistir en sociedades, para sobre-ponerse al instinto y desarrollar humanidad, para crear cultura, para ser portadores de más vida.

¡Cuantas veces, el hombre, olvidándose de su ser fecundo se limita a procrear y termina dejando al hombre a su suerte... y termina... llevando al hombre a la creación de culturas de muerte... culturas de luchas entre hermanos...

Para finalizar

Planificación familiar y paternidad responsable parecen conceptos que representan lo mismo; sin embargo, y en todo caso, son conceptos que se complementan y no mutuamente.

El concepto de Planificación Familiar puede reducirse al número de hijos que “queremos o no queremos” tener; aunque lo segundo tiene mayor gravedad porque permite espacios de desarrollo a una cultura de muerte: abre la posibilidad de matar cuando quien viene no es querido: cuando no ha sido planificado. Cosa que da pie o a abortos[10] o a violencia familiar ya que consciente o inconscientemente el hijo que nacerá será un hijo no deseado: afectará la economía del hogar, será una boca más que alimentar,...

El concepto de Paternidad Responsable supone un mínimo de planificación, es decir, tiene que tener en cuenta la cantidad de hijos que la familia puede mantener económicamente, la cantidad de hijos que puede atender en un ambiente sano, emocional y afectivo, tomando en cuenta las exigencias de sociedades que, poco más, obligan a ambos padres a trabajar para sobrevivir en ellas, debe tener en cuenta la cantidad de hijos a los que pueden proporcionar una educación que ayude a su autonomía, de cara al futuro, en fin... ¡claro que debe tomar en cuenta una planificación! Pero los hijos que vengan o no vengan serán siempre queridos; serán siempre asumidos como un acto de amor de la pareja conyugal que proyectará su amor en ellos, haciendo, de la familia, no solo un grupo social sino una experiencia educativa de humanidad: permitirán que el ser humano se desarrolle hasta que encuentre su propio camino de realización.


© 2002

[1] No que la equidad de género esté mal; sino que muchas veces se reduce a la defensa de los llamados “derechos sexuales”. Digo los así llamados porque algunos de estos derechos no toman en cuenta características de la dignidad de la mujer que muchas veces están desconectados de los constructos sociales que provocan estas inequidades respecto a lo femenino.

[2] Conformados por elementos como el carbono, hidrógeno, nitrógeno, fósforo,...

[3] Glándulas sexuales que producen espermatozoides u óvulos, es decir, testículos u ovarios, respectivamente.

[4] Es maduro cuando saliendo de la Trompa de Falopio es propicio para ser fecundado.

[5] Maliciosa porque busca manipular un comportamiento para fomentar la venta de determinados productos y, en algunos casos, tergiversar la imagen de la persona del adolescente.

[6] No me refiero a la píldora del día siguiente, ni a la RU-486 que son pastillas abortivas (ya que funcionan una vez que el óvulo ha sido fecundado y, por lo tanto, se ha iniciado el proceso de la vida) provocando la irritación del útero de tal manera que esa célula – huevo no pueda anidar.

[7] ¡Cuantas parejas he conocido que planificaban estos “cuandos” pero no funcionaba, incluso algunas parejas llevaron adelante procesos de inseminación artificial, muchos de sus intentos fracasaron. Los mismos médicos, que saben de la probabilidad del fracaso, implantan más de un óvulo fecundado y algunas veces realizan una cirugía (cerclaje) que cierra el útero para evitar abortos naturales.

[8] Por cierto no inocente ya que detrás de esta supuesta mentalidad de economía familiar existe una mentalidad anticonceptiva. Por eso, cuando no funciona, el hijo que llega, es un hijo no querido, por lo menos así lo llaman: “embarazo no deseado”.

[9] Sobre el amor se dicen y se han dicho muchas cosas, de hecho es una palabra harto manipulada; pero debe quedar claro que el amor no es un sentimiento, como lo cantan o proclaman las canciones de moda; el amor es fuerza que lleva al encuentro del otro, es la fuerza que rompe las barreras de la indiferencia y permite acercarme al otro, al totalmente distinto, es la fuerza que me hace salir de mi propia indiferencia y, descubriendo al otro, permite que me descubra, reafirmando mi personalidad.

[10] Hay distintos grupos que están de acuerdo con el aborto porque no consideran (o no son lo suficientemente conscientes) que se trata de un asesinato, porque se trata de quitarle la vida a un ser humano y, un ser humano que no puede defenderse ante tal crimen.

No se trata de sacarse un quiste o un tumor ya que en esta célula existe toda la información genética necesaria para desarrollar un ser humano; sólo impidiendo su “anidación” se impedirá que suceda eso, es decir, sólo un asesinato impedirá que la persona humana llegue a ser lo que podría ser.

Otros argumentos se refieren a que la mujer gestante tiene derecho a hacer lo que quiera con su cuerpo. Cabe recordar que el cuerpo no es un libro que se puede llevar en la mano y dejarlo cuando se quiera; el cuerpo es constitutivo de la persona, es la exterioridad de quien soy como persona; por lo tanto, de la misma manera que no puedo hacer lo que quiera con mi vida (a quien sobrepaso y no controlo; aunque puedo detenerla) no puedo hacer lo que quiera con mi cuerpo. A eso hay que añadir que esa célula que comienza a desarrollar a una persona humana ya no forma parte del cuerpo de la madre, está en él, necesita de él; pero tiene vida propia, indefensa, totalmente dependiente de la madre; pero propia, ¡tanto que desarrollará su propia consciencia!