viernes, 2 de octubre de 2009
miércoles, 26 de agosto de 2009
Creador
Dicen que por la boca muere el pez. ¿qué dice de una persona escucharle decir que el hijo que tiene no fue planificado o que no fue querido o... peor... que fue un accidente?
Cada niño que nace es un éxito de la naturaleza, fruto de una arquitectura e ingeniería que rayan la perfección. El espermatozoide más fuerte, más veloz, más sano, llega al óvulo y lo fecunda: ¡un éxito de la naturaleza!
Si, un éxito de la naturaleza; pero también un acto divino. Dios crea al hombre.
la naturaleza sólo da lo que puede dar y lo que da está enmarcado en el aquí y en el ahora, es medible, es cuantificable... mientras que el ser humano siendo todo eso va más allá de esos límites, los trasciende. Trasciende los límites materiales con su pensamiento, con su libertad, con la capacidad de autodeterminarse, de proyectarse, de mirar la propia vida y querer mejorarla, con la capacidad de valorar lo que le rodea y a sí mismo.
Sí.
Dios quiere que vivamos, nos llama a la vida simplemente por amor, no pide nada a cambio, no espera nada a cambio. Me ama incondicionalmente. Es mi padre.
Dios, el todopoderoso, es mi Padre y me ama.
Dios, el todopoderoso, es mi Padre y acompaña mi caminar.
Dios, el todopoderoso, es mi Padre y, conociéndome desde dentro, me propone caminos de realización personal.
Dios, el todopoderoso, es mi Padre y espera cuando no quiero escucharlo, mirarlo o, simplemente, cuando ignoro su presencia.
Dios es mi Padre, creador, sostenedor, amor providente. Yo no podría existir si Él decidiese quitarme la vida. Por lo mismo, el acto creador no es un acto de un momento, sino es un acto continuo: Dios sostiene, alienta mi vida... y porque me ama no se arrepiente, ni se rinde, DA LA VIDA.
"Hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creido en él" (1 Jn 4, 16)
Cada niño que nace es un éxito de la naturaleza, fruto de una arquitectura e ingeniería que rayan la perfección. El espermatozoide más fuerte, más veloz, más sano, llega al óvulo y lo fecunda: ¡un éxito de la naturaleza!
Si, un éxito de la naturaleza; pero también un acto divino. Dios crea al hombre.
la naturaleza sólo da lo que puede dar y lo que da está enmarcado en el aquí y en el ahora, es medible, es cuantificable... mientras que el ser humano siendo todo eso va más allá de esos límites, los trasciende. Trasciende los límites materiales con su pensamiento, con su libertad, con la capacidad de autodeterminarse, de proyectarse, de mirar la propia vida y querer mejorarla, con la capacidad de valorar lo que le rodea y a sí mismo.
Sí.
Soy... eres... somos... frutos de un acto deliberado del amor de Dios.
Dios quiere que vivamos, nos llama a la vida simplemente por amor, no pide nada a cambio, no espera nada a cambio. Me ama incondicionalmente. Es mi padre.
Dios, el todopoderoso, es mi Padre y me ama.
Dios, el todopoderoso, es mi Padre y acompaña mi caminar.
Dios, el todopoderoso, es mi Padre y, conociéndome desde dentro, me propone caminos de realización personal.
Dios, el todopoderoso, es mi Padre y espera cuando no quiero escucharlo, mirarlo o, simplemente, cuando ignoro su presencia.
Dios es mi Padre, creador, sostenedor, amor providente. Yo no podría existir si Él decidiese quitarme la vida. Por lo mismo, el acto creador no es un acto de un momento, sino es un acto continuo: Dios sostiene, alienta mi vida... y porque me ama no se arrepiente, ni se rinde, DA LA VIDA.
Por eso, la misma muerte no es un punto final, es una coma... continúa...
Por eso, cada día que pasa estamos más cerca a nuestra resurrección... PORQUE HEMOS SIDO LLAMADOS A UNA VIDA EN PLENITUD.
Si soy creatura, seguro que encuentro mi camino de realización de cara a Dios, encuentro en Él la plenitud... encuentro en Él la fuente de mi alegría. Sí, Dios es mi Padre, me ama y es mi Señor.
"Hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creido en él" (1 Jn 4, 16)
viernes, 21 de agosto de 2009
A las puertas del cielo
El Dios puente.
¿Creer o no creer?
Toma. Come. Éste es mi cuerpo, ésta es mi sangre. El Dios-con-nosotros se hace punto de encuentro: El hombre se encuentra con Dios, Dios se encuentra con el hombre. Yo, sin perder mi personalidad, mi historia, con mis luchas y pecados, limpio aunque no impecable... yo, ingreso en la inmensidad de Dios y Dios se hace uno conmigo y en Él estoy unido a ti... más íntimo que la cercanía corporal, más íntimo que compartir sentimientos, emociones, pensamientos, amistad.
Este es mi cuerpo es una manera de decir éste soy Yo: el Jesús que caminó por las calles de Jerusalén, el Jesús a quien gustaba comer con amigos, el Jesús de Nazareth que hacía sentir bien a quienes eran desaprobados ya sea por sus costumbres o simplemente por prejuicios, ese Jesús que nació en Belén que sanó a tantos y no a todos, ese Jesús, nacido de mujer, que pasó por lo dolores de la flagelación y de la cruz, el que resucitó... Ese es quien afirma: "esto es mi cuerpo, esta es mi sangre".
Cuando estoy frente a ese pedazo de pan, después de la consagración... estoy frente a Dios, de rodillas frente a Dios; pero también de pie frente a Dios porque su siervo soy pero, en Cristo, también, su hijo y amigo soy.
Ahí está Él, que viene a mi encuentro y, al mismo tiempo, espera que yo me acerque.
Ahí está Él, como puente de encuentro, como puerta del cielo donde el universo entero se encuentra adorando a Dios y Él... se acerca... todopoderoso... sin hacer alarde de su poder; más bien, haciéndose comida.
No me pide nada a cambio, sólo se acerca colmado de amor misericordioso esperando que yo dé mi primer paso para gozar de la abundante misericordia de su amor.
¿Puedo, acaso negarme a tanto bien?
Parece absurdo, sin embargo muchas... muchas veces... por falsos temores, por sentimientos de culpabilidad infundados, por remordimientos insanos, quizá hasta por el afán de autocastigarnos, rechazamos su abrazo misericordioso.
Ahí está Él, Dios, tendiéndome la mano, mirando dentro de mí, amándome sin restricciones, haciéndome suyo totalmente hasta hacerse una carne conmigo.
miércoles, 22 de julio de 2009
Si Dios lo quiere
La confianza que genera compromiso.
a) Ella tiene un hijo. Desde hace más de diez años está postrado en cama y solo mueve los dedos, los labios y sus ojos.
Afirma, con mucha fe: “Dios así lo quiere, Él sabrá por que.”
b) Mi amiga dice “soy agnóstica, prefiero serlo”
c) Un tío, muy querido, me dijo un día: “soy ateo. Tú crees porque te enseñaron a creer. A mi no, por eso puedo argumentar con razones porqué no creo.”
d) El profe de religión le dijo al niño “Dios es como tu papá” y el niño le dijo “mi papá me da miedo… especialmente cuando llega curao y pega a mi mamá. A mí ya me tiró contra la pared un par de veces cuando…”
Decir “Si Dios lo quiere” ¿no será una excusa o una forma primitiva de resignación... en lugar de un sinónimo de “Padre, me pongo en tus manos…”?
Lo que encontramos en el Antiguo y Nuevo Testamento no es resignación, más bien nos pone ante la alternativa de tomar nuestras propias decisiones. Nos muestra un Dios que se acerca y se conduele del sufrimiento humano y lo ataca (al sufrimiento, al mal) desde dentro para SANAR-SALVAR al hombre. Nos muestra un Dios que camina hacia la persona, la llama por su nombre (señal de que la conoce, o por lo menos se interesó de conocerla), la invita a seguirlo y, casi de inmediato, la envía a anunciar salvación-sanación: “echar demonios”, pescar hombres, anunciar alegrías (la buena noticia).
Ahí está Dios… cercano… propositivo… no nos necesita pero, amándonos, nos asume tal cual somos y nos empodera para hacer el bien.
Dios quiere nuestro bien. Tu bien… mi bien… con nombre y apellidos… dándonos el poder para lograrlo.
¿Quieres? “Ven y sígueme” (Mc 10,21). Es una llamada, tan cercana, que me siento muy libre como para no seguirlo.
Lo que encontramos en el Antiguo y Nuevo Testamento no es resignación, más bien nos pone ante la alternativa de tomar nuestras propias decisiones. Nos muestra un Dios que se acerca y se conduele del sufrimiento humano y lo ataca (al sufrimiento, al mal) desde dentro para SANAR-SALVAR al hombre. Nos muestra un Dios que camina hacia la persona, la llama por su nombre (señal de que la conoce, o por lo menos se interesó de conocerla), la invita a seguirlo y, casi de inmediato, la envía a anunciar salvación-sanación: “echar demonios”, pescar hombres, anunciar alegrías (la buena noticia).
Ahí está Dios… cercano… propositivo… no nos necesita pero, amándonos, nos asume tal cual somos y nos empodera para hacer el bien.
Dios quiere nuestro bien. Tu bien… mi bien… con nombre y apellidos… dándonos el poder para lograrlo.
¿Quieres? “Ven y sígueme” (Mc 10,21). Es una llamada, tan cercana, que me siento muy libre como para no seguirlo.
El Dios familia
Cuando creo que creer es algo individual.
“Dijo Dios, hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, (…) A imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó.” (Gn 1, 27) y “el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer y pasan a ser una sola carne” (Gn 2, 24)
¡Que especial este Dios que nos muestra Jesús!
Si creo en el Dios de Jesús, creo firmemente que el otro, el que está a mi lado, ese que es distinto y totalmente diferente… ese… es mi hermano, es cercano, no es completamente distinto, me interesa lo que le sucede, no me deja indiferente su preocupación, sufrimiento o alegría.
Si Dios es comunidad, y creo en Él, me interesa mostrarlo acercándome, rompiendo las barreras que hayamos podido construir.
Este Dios-familia vive en nosotros, su presencia nos hace sagrados “con todo, llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos.” (2Co 4,7)
“Dijo Dios, hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, (…) A imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó.” (Gn 1, 27) y “el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer y pasan a ser una sola carne” (Gn 2, 24)
¡Que especial este Dios que nos muestra Jesús!
- No es un individuo; pero es uno.
- Son tres; pero no son multitud.
- Distintos entre si porque son personas capaces de generar relaciones pero uno solo.
- Una sola comunidad, una familia.
- y… nosotros… su imagen y semejanza.
Si creo en el Dios de Jesús, creo firmemente que el otro, el que está a mi lado, ese que es distinto y totalmente diferente… ese… es mi hermano, es cercano, no es completamente distinto, me interesa lo que le sucede, no me deja indiferente su preocupación, sufrimiento o alegría.
Si Dios es comunidad, y creo en Él, me interesa mostrarlo acercándome, rompiendo las barreras que hayamos podido construir.
Este Dios-familia vive en nosotros, su presencia nos hace sagrados “con todo, llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos.” (2Co 4,7)
viernes, 29 de mayo de 2009
No sirve de nada
¿Sirve de algo creer en Dios? Preguntó un estudiante.
Y, un amigo cura, respondió, “no sirve de nada”.
Se hizo un silencio en toda la sala.
Abrigarse es útil cuando hace frió.
Tener algo para comer cuando tenemos hambre es útil.
Hasta los amigos son útiles cuando nos sentimos solos, cuando necesitamos un apoyo, cuando necesitamos un hombro para llorar, una mano para caminar o una mirada que mirar.
No necesito creer en el aire para respirarlo, aunque sea necesario para la vida y, sin embargo, todo el tiempo respiramos, una y otra vez, cada momento de nuestros días y noches.
Y… de vez en cuando… inhalamos una bocanada de aire fresco, de una forma especial, profundamente, detenemos nuestra respiración, llenamos nuestros pulmones hasta el fondo, sentimos el aire… hasta… lo saboreamos.
Nos damos cuenta del aire, por unos instantes. Lo gozamos… y luego seguimos respirando como si el aire no existiese.
Creer en Dios no es igual a afirmar una y otra vez ¡CREO!, ¡CREO!, ¡YO SI CREO EN DIOS! (no se trata de autoconvencerse)
Creer en Dios es un acto de voluntad, pero al mismo tiempo un don: el don de poder darnos cuenta de su presencia, como esas bocanadas de aire respirado. Pero también el querer fiarme, abandonarme (como uno se abandona en la persona amada) en la confianza que Dios me ama, en una relación íntima y personal (que no es lo mismo que individual) me fío de que me ama con amor de Padre, me fío que se preocupa por mi, me fío de que se conmueve con mi dolor y sufrimiento, me fío tanto que no necesito largas pláticas para que se dé cuenta de mis necesidades, porque me fío de que está más cercano a mí que mi misma conciencia. Porque lo vi en Jesús, que nos muestra al Padre.
miércoles, 29 de abril de 2009
Gracias
Con dulces silbos amorosos me conduces...
Te doy gracias Señor, de todo corazón...
Te doy gracias por la manera en que me amas,
por el amor que muuuuuuchas veces no he entendido y que he tradado en aceptar como tuyo, porque con razón no lo he entendido.
Gracias porque, lo más probable es que seguiré sin entender muchos de tus gestos amorosos; Y aun así también gracias porque , seguro, seguirás a mi lado para que yo pueda ver tus signos o escuchar tus silbos amorosos con los que me llamas y guías mis pasos.
Te doy gracias Señor, de todo corazón...
Te doy gracias por la manera en que me amas,
por el amor que muuuuuuchas veces no he entendido y que he tradado en aceptar como tuyo, porque con razón no lo he entendido.
Gracias porque, lo más probable es que seguiré sin entender muchos de tus gestos amorosos; Y aun así también gracias porque , seguro, seguirás a mi lado para que yo pueda ver tus signos o escuchar tus silbos amorosos con los que me llamas y guías mis pasos.
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